lunes, 12 de octubre de 2009

Ciro and me



En algún lugar del planeta, se erguían hermosas y blancas cuatro montañas rodeadas de pastos que ofrecían a quien se atreviera a escalarlas una vista sorprendentemente espectacular.
El único problema era que muy pocas personas habían disfrutado de aquellas vistas, pues escalar esas montaña era muy peligroso. Pero como yo era muy valiente llené mi cantimplora con agua y me encaminé con mi fiel y peludo amigo Ciro hacia la cima de la montaña.
Ciro era mi burro y fiel acompañante de viajes. Gris con ojos negros y patas blancas, con un andar firme pero cauteloso.
Cuando estábamos ya a medio camino, me entró unas sed terrible, pero no era una sed comos las otras, era una sed diferente. Un presentimiento me rondó la cabeza. Me acerqué a mi burro y le di agua con la mano. Cuando bebió, mi sed desapareció.
Llegando a la cima de la montaña, me tropecé con una piedra y me caí al suelo. Ciro me ayudó a levantarme. Me hice un pequeño arañazo en la rodilla. Al seguir caminando, noté que mi burro cojeaba de la misma pierna que yo.
Al llegar a la cima me quedé maravillada con las vistas. Se podía respirar aire puro y la sensación de emoción pero a la vez de miedo nos recorría el cuerpo. En ese momento, me di cuenta de que un fuerte vínculo nos unía a Ciro y a mi.

2 comentarios:

  1. la historia está relamente bien incluso me pareció de editorial, además la gente de hoy en día no sabe el vínculo que sepuede tener con los animales ni lo inteligentes que son

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