Plug no es un zorrito ordinario. Es pequeño, peludo y suave. Su anaranjado pelaje, se eriza en el momento que divisa un enchufe, de ahí, su nombre. Siempre le ha gustado meter el hocico en los enchufes. Y yo, siempre le digo que no lo haga, mientras le acaricio suavemente sus tiesas orejas negras. Él me mira con esos ojos azabache brillante, y deja su hobby para más tarde.
Por la mañana, siempre me lo encuentro acurrucado en mi espalda, en la cama. Hecho un ovillo naranja. Cuando intento apartarlo con cuidado, gruñe ligeramente, se levanta y sale a hacer sus necesidades.
Al salir de casa, siempre me acompaña hasta la puerta, pisando suavemente el suelo con sus blandas patitas color marrón. A veces, me mira de tal forma, que no tengo más remedio que meterlo en secreto en la mochila y llevármelo de paseo al parque, donde se vuelve loco con las mariposas y con la música.
Cuando estoy triste, Plug viene, se sienta encima de mí y me hace cosquillas en la nariz con su larga cola. La punta de la cola de Plug, es extrañamente azul. Esto se debe, a que en una ocasión, observó como mi madre me teñía el pelo con un pincel. Él vio la semejanza del pincel y su cola, y decidió hacer una obra de arte con tinte en el suelo de casa.
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